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© Álvaro Germán Vilela
Álvaro Germán - Fotografía | Algarve
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Algarve

Algarve

Excepto unas cuantas localidades colonizadas por el turismo de alcochol barato, y caro, el Algarve es uno de esos paraisos cercanos que con un tanto de intención en la búsqueda podemos comer gloria bendita. La mayoría de los lugares que cito los encontré gracias a preguntar por comida local, nada de barato, rápido o de céntrico (turisteo). Portugal sigue siendo de esos países donde preguntar por comida local hace ilusionar y sonreír a tu interlocutor. En España ya sólo me pasa en los pueblos. En Italia y Francia más de lo mismo.

Ahorraré el coñazo de contar las historias que me han llevado a cada uno de estos sitios. Es mejor que cada uno busque los suyos siguiendo el rastro de lo que le apetezca probar. Así se logra vestir la experiencia y evitar el tiro hecho que no proporcina emición alguna.

 
Vila Real de San Antonio
Estrela de Mar. Mercado V.R. Sto. Antonio.

Cocina limpia y brillante abierta al comedor. En la vitrina se expone lo que ha entrado en el Mercado, de hecho el restuarante está en el propio Mercado. La espacialidad son los pesacados a la parrilla. Sardinas y besugos son apusta segura.

Besugos

 

Tavira
Bica. Rua Almirante Cândido dos Reis 24.

Restaurante de ambiente muy local y de carta muy casera. El Atum Cebolado á Tavira es de esos platos que difilmente podrás probar en cualquier otro lugar. Una forma de entender y probar un guiso que en otras partes se llama Marmitako. La gran diferencia es el corte del Atún (Bife), cuanto menos es curioso.

 

Tavira
Puestos callejeros de cualquier plaza o mercado.

Si algo me gusta de la gastronomía portuguesa es la pastelería. Una pastelería con mucha historia y que ahora está empezando a ser valorada y respetada en todo el mundo. Los dulces portugueses son muy callejeros, se venden y comen por la calle, no hace falta ir a un restaurante y pagar un dineral para disfrutarlos. Estos Coscorões, familia de los pestiños, me costaron 1 euro (los dos) y los Pastéis de Feijão rellenos de cabello de ángel fueron mi desayuno durante un par de días.

Coscorroes
Feijao

 

Ilha de Faro, Faro
A Cabana. Avenida Nascente, Centro Nautico, 8005-137.

A pesar de escapar de los Paseos Marítimos para comer cómo de la peste, he de reconocer que el frescor de estos Sargos me llamó la atención. El sabor a brasa contrasta con la sencillez y calidad de los aliños. Nunca un aceite con perjil y ajo fue tan bien usado. Tan sencillo como bien pensado.

Sargos

 

Faro
Cantinho da Rhonda. Rua Bocage Nº55.

De los lugares más genuinos y sorprendentes en cuanto a la carta me topé. El camarero me contó que le da mucha pena que los turistas no dejen el centro histórico y se adentren en los barrios popupales para, entre otras cosas, probar los platos que antiguamente se comían en la ciudad, cuando la necesidad era tal que no se desperdiciaba nada de cualquier bicho. Así que el cocinero fue feliz en preparé una sepia a la antigua, Sepia sin limpiar. Sí, una Sepia con todas sus vísceras, bazo, huevas y su tinta en el interior. Cuando el bazo se deshace y se mezcla con la tinta y el aceite de oliva se forma una salsa que es muy difícil de olvidar.

Cuttlefish grilled with their guts all inside.

 

Albufeira
Clube de Pesca. Estrada do Farol, 800-H, Sítio da Orada, 8200-371.

A este lugar no se llega si no se pregunta, pero preguntando mucho. Incluso una vez decidido hay que seguir preguntando para encontrarlo porque está muy escondido y alejado del centro de la ciudad. Esto último se agradece porque el centro del pueblo es simplemente un comedero inglés. Este Club tiene un gran comedor presidido por varias vitrinas y mostradores, que a modo de pescadería, muestran y exhiben una gran variedad de especies de proximidad. Todo un paseo el que te das antes de sentarte a comer. Una vez decidido le comentas tu elección al camareco en cuanto a tipo y cantidad. Se pide y se paga al peso. Consejo ante estos lugares, pide poco y repite si te quedas con hambre. A mí se me fue la lista de las manos, sobre todo por unas almejas que tenían más mantequilla de la que necesitaban, y necesitaban nada. Decía Julia Child en uno de sus libros que nunca te puedes pasar de mantequilla en una receta. No Julia, sí, sí que te puedes pasar de mantequilla, lógicamente, en situaciones en las que no se necesita nada de mantequilla, por poca que sea, te pasas. Y de todas las aberraciones que me he encontrado en un plato, mucha de ellas tienen que ver con el uso y cantidad de la mantequilla. Seguramente, esta es una de las mayores aberraciones por incoherente e innecesaria. Todavía si fuese una almeja congelada o en sus postreros momentos de frescor lo podría llegar a entender pero no era el caso.
Y en este momento mi memoria digestiva está recordando cierta tarta de Moka polaca. Claro está que Julia Child no había sido invitada a un bautizo en Polonia antes de escribir El arte de la cocina francesa.
Los salmonetes del Atlántico no tienen nada que envidiar a los del Mediterráneo.

 

No están todos los que son pero sí son todos los que están. Me dejo en el tintero alguna que otra modernidad y algún sitio de guía pija, que uno también tiene sus momentos. Pero para terminar quiero hacer patria y destacar mi ZampaTérminus en Huelva.

 

Huelva
Taberna Marinera. Avenida Martín Alonso Pinzón, nº 4.

Ya que me encontraba huyendo de un lugar en el que la carta estaba colonizada de cucarachas, se me había ‘chinado’ un sitio limpio y brillante, me daba igual que la comida no fuese muy allá. A pesar de ser el típico lugar fanquiciado he de reconocer que fue sorprendente la calidad de la materia prima y el fundamento con lo que todo estaba cocinado y presentado.

Preocupante la dejadez de muchos bares y tascas de Huelva. Una cosa es ser humilde y otra muy diferente ser un puto cerdo. (Perdón por la palabras, pero no hay otras peores en el diccionario)

Salpicon

 

Por último, muchas gracias a todas las personas con las me crucé y me aconsejaron y descubrieron estos lugares y platos. Obrigado.

 

 



   
Copyright © 2019 Álvaro Germán